Islay Arboleda: Cine, Moda y Belleza

Donde el séptimo arte se une con la moda y la belleza

Entrevista exclusiva a Abner Benaim, la búsqueda de la verdad detrás del lente

Retrato o fotografía oficial del director y cineasta panameño Abner Benaim.

Conversamos con el cineasta panameño Abner Benaim sobre su proceso creativo, el enigma de sus personajes y su trayectoria en la vanguardia del cine latinoamericano

Por: Islay Arboleda

En el panorama cinematográfico actual, pocos nombres resuenan con tanta fuerza y coherencia como el de Abner Benaim. Más allá de sus hitos internacionales —que lo han posicionado como un referente fundamental al llevar la mirada panameña hasta los filtros de los premios de la Academia—, Benaim se distingue por una capacidad casi quirúrgica para diseccionar la realidad. Ya sea a través de la sátira social que desnuda nuestras estructuras de clase, o la inmersión profunda en la vida de íconos como Rubén Blades, su cine no solo busca retratar la historia, sino capturar esa «verdad» esquiva que reside en la esencia humana. En esta entrevista, exploramos el germen de su inquietud artística, los retos de navegar entre la ficción y el documental, y cómo su educación cinéfila —aquella que comenzó en las matinés de Panamá y se nutrió en videoclubs internacionales— ha dado forma a una obra que hoy dialoga con el mundo entero.

1.Islay: ¿Qué elementos de tu infancia o de tus primeros años en Panamá despertaron en ti esa necesidad de contar historias a través de la gran pantalla?

Abner Benaim: Cuando era pequeño, desde que recuerdo, íbamos al cine a ver las películas de Cantinflas, de Capulina, Bud Spencer y Terence Hill, una que otra de Jackie Chan. Mi papá nos llevaba a mí y a mi hermano a las matinés del Teatro Ópera y del Teatro México. Esos eran momentos muy especiales donde toda la experiencia de ir al cine y la magia de lo que traía la película se convertían en felicidad pura.

Archivo Editorial /Edición Digital: islayarboleda.com
Archivo Editorial /Edición Digital: islayarboleda.com

Cuando tenía aproximadamente 10 años, llegó a Panamá el servicio de televisión por cable Rexa y ahí se repetían las películas varias veces al día en diferentes horarios en HBO, Showtime; entonces, cuando a uno le gustaba una película, la veía varias veces. A veces te encontrabas una película ya comenzada y te quedabas viéndola hasta el final, y así terminabas viendo una película cientos de veces, memorizándote cada palabra, cada gesto de los actores, cada momento. Ahora que lo pienso, esa manera de ver cine probablemente fue el comienzo de mi historia de amor con este género: hay ciertas películas que, no importa cuántas veces las hayas visto, nunca te aburren, y las mejores te suelen sorprender con algo que nunca antes habías visto.

Y cuando arrancó MTV, ahi estábamos, pegados a la televisión . Eso fue una explosión de imágenes continuas desde que llegábamos de la escuela hasta que nos íbamos a dormir. La música claramente era una parte importante de MTV, pero eran las imágenes y el ritmo irreverente de la edición lo que te capturaba.

Si no me equivoco, cuando tenía como 15 años abrió el Video club internacional en Panamá. Ahí podías encontrar películas de Argentina, España, Colombia y algunas rarezas de Estados Unidos y Europa que no llegaban a los cines en Panamá. Recuerdo que vi La noche de los lápices, Hombre mirando al sudeste, El lado oscuro del corazón,  y otras películas en español que me volaron la cabeza. Entendí que había un mundo completo que desconocía y que era muy cercano a mi propia realidad latinoamericana.

Cortesía de Abner Benaim / Archivo personal
Cortesía de IFF Panamá / Archivo Abner Benaim

De ahí en adelante se creó esta sed en mí por tanto cine que sentía que me había perdido por estar aislado culturalmente en Panamá. Empecé a buscar por todos lados y encontraba tesoros y más tesoros: películas cubanas como Historias del subdesarrollo; me metí de lleno a ver cine italiano neorrealista y más. Y así, mientras más veía, más sed tenía. Me encontré con los maestros estadounidenses modernos como Altman, Cassavetes, Coppola, Kazan, Scorsese, Allen, y así fui creciendo acompañado de buen cine que se conseguía en cintas de VHS, hasta que me fui a la universidad en Filadelfia, y mi vecino de al lado era un videoclub buenísimo donde alquilaba dos o tres películas al día. Hasta el día de hoy siento  sigo con el mismo deseo de ver, descubrir y gozar una buena película cada vez que puedo.

2.Islay: Al transitar entre la ficción y el documental, ¿cómo encuentras el balance para abordar temas tan complejos y delicados de nuestra historia reciente, como en la película Invasión?

Abner Benaim: Pienso que tanto en la ficción como en el documental uno como cineasta está buscando lo mismo: una sensación de “verdad”. Esa verdad puede venir de la autenticidad de la historia, de lo genuino de una actuación o del realismo con que está diseñado un encuadre.

Archivo Editorial /Edición Digital: islayarboleda.com

Lo que quiero decir es que tanto cuando uno hace ficción o documental, los intereses son los mismos: una historia bien contada, una imagen que comunica algo más que lo narrativo, sonido, música, un ambiente que te lleva a un lugar emocional inexplicable… Uno busca la verdad en el cine, sabiendo que es todo mentira por definición —fabricado para hacer la película—, pero eso no importa. Lo que importa es la historia, y la razón de ser de la historia: ¿Por qué la cuentas? Eso es lo que tienen en común películas documentales como Invasión y  Yo no me llamo Ruben Blades con ficciones como Chance o Plaza Catedral: mi deseo de contar esas historias en cine.

3.Islay: Con Chance, exploraste la comedia negra y la sátira social; ¿qué supuso para ti retratar las dinámicas de clase en Panamá y ver la respuesta del público?

Abner Benaim: Para hacer Chance  no tuve que hacer nada de investigación, porque lo había visto todo frente a mis ojos en mi infancia en Panamá. A cierta edad, y con una mirada crítica de mi entorno, la relación entre empleadas domésticas y sus patrones me pareció muy indicativa de los problemas más serios que tiene Latinoamérica; y especialmente Panamá, donde las diferencias de clases son tan obvias como el paisaje de la ciudad.

Película Plaza Chance /Cortesia: Director Abner Benaim

Esa relación, que normalmente sucede a intramuros, lleva una carga muy fuerte, pero no se ve justamente porque ocurre dentro de la privacidad y el secreto de las casas. A mí me interesaba retratar la contradicción que supone una relación tan íntima, de gente que vive en la misma casa por años compartiendo todo, pero usualmente con una gran distancia creada por las barreras que imponen las diferencias socioeconómicas y culturales entre los dueños de las casas y las empleadas que viven ahí trabajando para ellos toda la vida.

Película Chance /Cortesia: Director Abner Benaim

La decisión de hacer Chance en tono de comedia me vino de manera natural: primero, porque si la hubiera hecho como un drama, hubiese sido muy difícil de ver para una audiencia latinoamericana; segundo, porque las situaciones son tan absurdas que se prestan perfectamente para la comedia. Chaplin decía que comedia y tragedia están hechos de los mismos ingredientes. Eso se vio con las reacciones del público que primero se reían de los chistes, de las situaciones, de los personajes… y luego se reían por incomodidad, porque detrás de la trama había muchas verdades que la gente reconocía como suyas; verdades incómodas que se hicieron potables solo porque venían envueltas en un paquete de comedia. Un año después hice un documental titulado Empleadas y patrones, al cual le fue muy bien a nivel de crítica y festivales, y estoy seguro de que no lo ha visto ni una pequeña fracción de la gente que vio Chance, pues trata los mismos temas desde un punto de vista igual de crítico o más que Chance, pero sin tratar de endulzarlo con humor.

4.Islay: El documental Yo no me llamo Rubén Blades exige una inmersión profunda en la vida de un icono mundial; ¿qué fue lo más retador al perfilar cinematográficamente a una figura tan monumental?

Abner Benaim: El reto de hacer un documental sobre alguien con una carrera tan increíble, poderosa y extensa como Rubén Blades es justamente el peligro de no hacerle justicia a su talento y obra artística que es parte de la cultura universal, porque la obra de Rubén no es solo panameña ni latinoamericana: ha dado la vuelta al mundo y afectado (para bien) a tanta gente por más de tres generaciones —¿o serán cuatro ya? —.

Encuentro entre el director Abner Benaim y el artista Rubén Blades / Cortesía: Archivo personal.

O sea, para explicarlo de la manera más sencilla: el reto era hacer una película que tenga por lo menos un poco del alma que contiene una sola canción de Rubén Blades. Yo, como todo Panamá, crecí bailando, escuchando y admirando la música y letra de canciones como “Plástico”, “Pedro Navaja”, “Buscando guayaba”, “Pablo Pueblo”, “Amor y Control”, “GDBD” y más, y sé que el poder de una sola canción de Rubén puede cambiar una vida, dar aliento en un momento difícil, hacer pensar, hacer llorar, y convertirse en himnos que la gente hace suyos y cantan de memoria desde lo más profundo de su ser. Entonces, imagínate arrancar a hacer un documental sobre un artista de esa talla y pensar que el documental tiene que retratar no solo a la figura pública, sino al humano detrás de ella, y tratar de comunicar no solo información, sino emociones. Ese era el reto: lograr una pieza que esté a la altura – o mejor dicho, que se asome a la altura— de la gran obra que ha realizado Rubén.

Y después venía otro reto un poco menor, pero importante igualmente: no caer en la adulación. Nadie quiere ver eso, por razones obvias. Entonces el reto completo era hacer un documental digno sobre un cantautor que admiro mucho, manteniendo una mirada que busca entender, que trata de responder preguntas clave como: ¿de dónde salen las letras de sus canciones?, ¿quién es la persona detrás del cantante?, ¿qué clase de hogar genera un tipo como Rubén Blades?, y así más y más preguntas sobre el enigma que es un artista.

Documental Yo me llamo Rubén Blades/Cortesía: Director Abner Abenaim

El proceso de hacer la película me indicó que probablemente no iba a tener respuestas a estas preguntas y que me iba a tener que conformar con un retrato íntimo, pero no completo. Entendí que es imposible descifrar el enigma, que uno nunca llega a conocer a alguien completamente —quizás ni a uno mismo—, y que en el caso de los artistas que admiras, probablemente ni ellos saben de dónde viene su obra. Y qué bueno poder mantener vivos los enigmas. Y qué privilegio el mío de poder acercarme tanto y considerar amigo y maestro a Rubén.

5.Islay: Plaza Catedral aborda el duelo, la pérdida y los vínculos inesperados con una sensibilidad tremenda; ¿cómo nació el germen creativo de esta historia?

Abner Benaim: El guion de esa película se fue transformando desde su inicio hasta meses antes de rodar. Fue realmente un proceso orgánico, que involucró mi propia experiencia y los factores de la vida que iban sucediendo mientras escribía y trataba de levantar el proyecto.  Mi mamá murió meses antes de empezar el rodaje, y eso se permeó en la película, que ya trataba sobre el duelo, y sobre el amor paternal, maternal y la falta de amor en el caso del personaje de Chief, el niño.

Película Plaza Catedral /Cortesia: Director Abner Benaim

La película empezó siendo sobre un hombre de clase media alta que se encuentra con otro hombre de la calle, involucrado en la delincuencia. Después se transformó a un hombre que se encontraba con un niño de la calle que cuidaba carros, y al final terminó siendo sobre una mujer y un niño… imagino ahora que, en homenaje a mi mamá, y al duelo que estaba haciendo durante la filmación.

6.Islay: Con Paraíso Tropical diste un paso hacia el cine más íntimo y personal, exponiendo una herida histórica y familiar muy profunda. ¿Qué significó para ti este proceso de catarsis y cómo transformaste el dolor de la memoria en una herramienta cinematográfica?

Abner Benaim: Exponerse de manera personal hace el trabajo del cineasta, un poco más difícil, pues no existe la distancia que normalmente uno toma de los personajes y sus historias, y que maneja y utiliza para lograr los intereses de la película. Pero cuando se trata de ti mismo, es más difícil identificar los elementos de tu historia personal y ponerlos al servicio de la dramaturgia. Es más difícil, quizás más confuso, pero al final se tiene que tratar el material personal como si fueran elementos de cualquier otra historia. En mi caso, la manera de hacer esto fue apoyándome en los colaboradores del proyecto como el editor, Mauro Colombo, la productora Malu Zayon, y otros amigos del proyecto que podían opinar desde una perspectiva más clara que la mía. También he aprendido que, en casos, como este, toca confiar en tu instinto, y tomar decisiones que quizás no comprendes completamente, y que no puedes explicar a otros, pero  sabes instintivamente. Lo lindo es que la reacción del público fue muy fuerte a nivel emocional, y que el público pudo conectar muy bien con los temas que trata la película justamente porque se identificaban con el relato personal. Eso fue muy gratificante, ya que no habían garantías de que sucediera.

Escena de Paraíso Tropical/Archivo Editorial /Edición Digital: islayarboleda.com

7.Islay: ¿Qué significado y qué puertas abrió para el cine panameño ver a Plaza Catedral llegando tan lejos en el circuito internacional y representando al país?

Abner Benaim: Plaza catedral fue reconocida por la academia de Estados Unidos y seleccionada para el Shortlist de los Oscar- esa es la lista de las 15, mejores películas del año en la categoría internacional, según los miembros votantes de la academia, lo que significa que la vieron y le gustó a directores y productores que admiro mucho por sus increíbles películas. Eso en sí mismo, ser reconocido por tus colegas a nivel internacional, ya es un gran premio. Tanto para mí como para la película como para el cine de Panamá es un antes y después. Cuando hice Chance, en el 2010, contactamos a la Academia (AMPAS) para enviarla a los premios Oscar y nos enteramos que primero había que tener una Academia de Cine local por lo menos por un año para luego postular una película. Entonces fundamos la academia de Cine de Panamá y en 2014, cuando terminé invasión, la enviamos como la primera película en la historia que iba a representar a Panamá en la categoría de mejor película extranjera en los premios Óscar. Años después, en el 2018, enviamos el documental Yo no me Llamo Rubén Blades a concursar en dos categorías: mejor película internacional y mejor documental. En el 2022, menos de 10 años después de haber mandado la primera película, quedamos seleccionados para el Shortlist con Plaza Catedral. Ahora el reto es quedar nominado… y ganar.

Película Plaza Catedral /Cortesia: Director Abner Benaim

8.Islay: A lo largo de tu carrera, has tocado géneros muy diversos. ¿Cómo ha evolucionado tu propia mirada y tu forma de dirigir desde tus primeras obras hasta hoy?

Abner Benaim: Cada proyecto es muy diferente a la anterior, y al próximo también. Eso es algo fascinante sobre hacer cine. Lo que se aprende es lo que todos los proyectos tienen en común, el camino que hay que andar: hay ciertos pasos del proceso que uno no se puede saltar. Así como uno puede ver un solo horizonte, y tiene que caminar hacia delante para ver el próximo; así mismo es el proceso creativo. Uno se imagina ciertas cosas, pone en acción el mecanismo para lograrlas, y esas mismas acciones generan nuevas ideas. Entonces lo que uno puede aprender es en confiar en el proceso, y dejarse ayudar por tanta gente talentosa que uno tiene alrededor. Además de eso se aprenden muchos trucos que agilizan las cosas. Se aprende mucho de la experiencia misma, o sea uno aprende a quedarse calmado (y suelto) ante la incertidumbre, ante los problemas que surgen. Y por otro lado también se aprende que  si todo parece “fácil”, algo debe estar mal- o aburridor, que es peor que mal-

9. Islay: Países como Corea del Sur o Turquía han logrado posicionarse fuertemente a nivel global y ser reconocidos internacionalmente por sus producciones audiovisuales; desde tu experiencia y visión, ¿qué le hace falta a Panamá y a la región para dar ese salto y lograr el mismo impacto?

Abner Benaim: En los últimos 15 años, ha pasado algo importante con nuestra región Centroamérica, el cine de la región cada vez se conoce un poco más a nivel internacional. Cuando yo empecé con Chance había muy poco y a la vez que arrancó aquí en Panamá, arrancó también el cie en Guatemala, Costa Rica y otros países de la región. Hoy día han habido películas de la región que han llegado muy lejos. Está el cine de Jayro Bustamante, Valentina Maurel, que acaba de ganar un premio en Cannes. Aquí en Panamá Plaza catedral que llegó al Short List de los Oscar y Querido trópico que llegó a San Sebastián y a Toronto. Y así va, parece que poco a poco, pero ha pasado mucho en poco tiempo. O sea que cuando me preguntan qué falta, pienso que solo cuestión de tiempo.

10.Islay: Basándote en tu sólida trayectoria y en los retos de producir cine en nuestro país, ¿qué consejo le darías a los nuevos directores que buscan abrirse paso en esta industria?

Abner Benaim: Mi consejo siempre ha sido el mismo: no pedirle permiso a nadie para hacer tu película. Eso incluye no esperar a que todas las condiciones estén perfectas. Si tienes el deseo, la llama de fuego creativo por dentro que te quema; simplemente haz lo que tengas que hacer para contar tu historia de la manera más fiel a lo que soñaste, sin censuras y sin comprometer tu integridad artística. Y buscar ayuda de los que ya han hecho algo de camino:  aprender tanto de sus errores como de sus aciertos.

​Queremos agradecer profundamente a Abner Benaim por abrirnos las puertas de su universo creativo y regalarnos esta entrañable charla. Su visión, su talento y su incansable compromiso con el cine continúan enalteciendo la cultura de nuestra región, inspirando a nuevas generaciones de creadores a mirar con honestidad y orgullo hacia nuestras propias raíces.

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