Güeros, la apatía juvenil y la búsqueda de identidad en la obra maestra de Alonso Ruizpalacios
Con el arte y las palabras de Islay Arboleda, Editora
El cine contemporáneo de autor rara vez logra capturar con tanta precisión la textura de la desorientación juvenil como lo hace Güeros (2014), ópera prima del director mexicano Alonso Ruizpalacios. Lejos de los convencionalismos del cine comercial, esta joya independiente filmada en un deslumbrante blanco y negro utiliza las calles de una convulsa Ciudad de México durante la huelga estudiantil de la UNAM para hablarnos de una tragedia muy íntima: la parálisis emocional y la urgencia de despertar al mundo real.

La premisa de la historia parte de una atmósfera de estancamiento asfixiante donde el protagonista, Tomás —un joven enviado a la capital por su madre debido a sus problemas de conducta—, termina refugiándose con su hermano mayor Fede y su amigo Sabas. Este trío vive en un estado casi catatónico, encerrado en un departamento donde el tiempo parece no avanzar, reflejando a perfección esa incapacidad generacional de encontrar un rumbo fijo o de habitar el presente con un propósito claro.

A este conflicto interno se le suma un detonante tan absurdo como poético: la decisión de emprender un viaje por la ciudad en busca de un músico legendario y olvidado, Epigmenio Cruz, de quien se dice que hizo llorar a Bob Dylan. Esa búsqueda desesperada rara vez nace de un objetivo genuino; es más bien una coartada psicológica, la necesidad imperiosa de aferrarse a un ídolo o a un mito del pasado para justificar el vacío del presente y escapar de la inercia que los ahoga.

La genialidad de la dirección de Alonso Ruizpalacios y la frescura de su guion —escrito junto a Gibrán Portela— radican en materializar este proceso a través de un recorrido episódico lleno de referencias cinematográficas y un ritmo que evoca a la Nouvelle Vague. A esto se le suma un elenco estelar y perfectamente compenetrado, encabezado por un magnético Tenoch Huerta en el papel de Sombra, cuya interpretación desborda naturalidad, carisma y una profunda frustración contenida. Bien acompañado por talentos como Sebastián Aguirre, Leonardo Ortizgris y Ilse Salas, el grupo logra transformar una simple persecución urbana en una radiografía dolorosa y entrañable sobre la amistad y el peso de crecer.

Otro de los grandes aciertos visuales de la cinta es su espléndida fotografía en blanco y negro, a cargo de Damián García. Lejos de ser un mero capricho estético o una imitación nostálgica, el uso del monocromo funciona como un elemento narrativo clave que traduce la sequedad y la melancolía de la ciudad, despojando a los espacios urbanos de cualquier artificio colorista para concentrar toda la fuerza expresiva en los contrastes de luz, las sombras y la textura de los rostros de sus protagonistas.

Este trabajo cinematográfico nos recuerda que el mayor peligro al que se enfrenta la juventud no viene de las circunstancias externas, sino del cinismo y la desconexión con uno mismo. Güeros logra incomodar y conmover con maestría porque expone una verdad tan íntima como universal: la parálisis emocional solo se disuelve cuando nos atrevemos a perder el miedo a estar perdidos y a conectar genuinamente con quienes caminan a nuestro lado.
Ficha Técnica
Título original: Güeros
Año: 2014
País: México
Dirección: Alonso Ruizpalacios
Guion: Alonso Ruizpalacios, Gibrán Portela
Fotografía: Damián García (B&W)
Elenco principal: Tenoch Huerta, Sebastián Aguirre, Leonardo Ortizgris, Ilse Salas
Género: Comedia dramática / Cine independiente
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